Así, sin
avisar
sin sonido
casi,
se asoma la
primavera.
Ella no sabe
de virus
plagas o
tiranías.
Desde el
fondo
un eco
silencioso la pregona,
diferente
suspendido
en la incertidumbre.
Hasta el
silencio enmudece
entre tanta
cautela.
El cielo más
traslúcido en la ciudad amordazada
por decreto.
Aquella urbe
que un día jugó a una primavera
estrepitosa,
bullanguera
entre lluvia
y sol
se siente
intimidada,
abrumada por
un silencio sombrío/tenebroso.
Algunos
expresarán su ¡gracias!
sin muchos
espavientos.
Pero las
palomas de mi barrio
están
desconsoladas:
picotean,
picotean
sin cosecha
alguna.
¿Dónde están
los despojos
que son
nuestro sostén?
¿Las migajas
de cada día?
Hasta el
mercado de la esquina principal
nos niega el
sustento, nos repele.
¿Qué se
trama, qué se trama?
¿O será que
nos convertiremos
en el manjar
más codiciado?