Ahora me
propongo sembrar:
unos ojos
apagados
una calle
sin salida
flores
marchitas
rostros
anónimos
mi tú
mi yo
un papel
desechable
hojas secas
un tropiezo
una falsa
ilusión
un virus.
Una vez
sembrado
bajo la
tierra húmeda
acogedora,
solo
necesitaré
el abono
perfecto:
no anhelo no
ilusiones no deseos.
Una pizca de
conciencia
paciencia a
raudales
una gota de
miel
una mirada
amorosa.
Y a esperar