Poeta en agonía


Los primeros los hallé escondidos
entre los cañaverales,
día de lluvia tropical.
Pero no me satisfice,
seguí buscando hasta que divisé
la bandada de gaviotas. Y de allí
se precipitaron los siguientes versos.
De la corriente de aquel río de los enamorados
atrapé cuatro más.
De las flores de papo, unos cuántos.
En la punta del pino ¡otro!,
al atardecer.
Creí tener ya mi poema.
Mientras lo tallaba en el papel
pretendí encontrar la plenitud
el arte,
pero
mi poesía iba muriendo
disipándose como el agua
que el sol evapora
con cada letra
signo
transcripción.
Como el silencio, cuando
la flauta mágica deja de sonar.
No quedó nada
nada.
Solo la sensación de un poeta muerto
antes de su nacimiento
y el vacío por delante